Creatividad ante todo
La tercera vía que se ha intentado es la de
combinar bajos tipos de interés con la acción directa de los bancos centrales
. A tales iniciativas se las ha denominado con apelativos tan sugestivos como "quantitative easing (QE)", un término ya habitual por uso y abuso. No pocos analistas aciertan al sugerir que tales políticas acaban siendo instrumentos de financiación para los gobiernos y nos conducen a sendas peligrosas, aunque en su momento contribuyeran a paliar los efectos del crack de 2007. En algunos casos, tales iniciativas han resultado mejor que nada.
Una aproximación alternativa argumenta que cuando el sector privado está gastando tan poco es la oportunidad de
aplicar "estímulos fiscales": más gasto público y recortes provisionales en los impuestos
. Si bien pueden obtenerse resultados a corto, la combinación de ambos mecanimos constituye una potencial arma de destrucción económica masiva en el largo plazo.
Una ocurrente respuesta intervencionista consiste en
actuar contra los países excesivamente "ahorradores", mediante sanciones impuestas por los organismos financieros internacionales
. Se trata de una opción increíble visto el panorama mundial. Si no somos capaces, por ejemplo, de aprobar una sencilla declaración condenatoria contra muchos régimen brutales y/o autoritarios ni de apretarle las tuercas a Rusia por la vía diplomática, ya me dirán lo que costaría concertar unas líneas estratégicas globales para la economía.
Otra opción, que he escuchado en boca de varios locuaces ideólogos, tanto a la derecha como a la izquierda del espectro político, es
regresar al proteccionismo
. En inglés existe una expresión, que también utiliza Samuel Brittan: "
beggar my neighbour
(empobrece a mi vecino)", esto es, la elevación de aranceles y otras medidas para restringir las importaciones y mejorar así el saldo comercial. Una escalada internacional en este sentido reduce el comercio internacional, contrae el crecimiento económico y ningún país sale beneficiado. No sólo el vecino se empobrece sino nosotros también. Tampoco es el camino, me temo.
Más ideas a coleto: algunos sugieren
compartir el trabajo disponible mediante la reducción obligatoria de la jornada de trabajo, jubilaciones anticipadas o medidas similares
. Efecto real en la economía: reducción del poder adquisitivo y ninguna mejora del estancamiento. Más fiascos.
Otro buen número de economistas pretenden afrontar el problema
atacando la desigualdad, de tal manera que las clases medias y humildes puedan tener más poder de consumo
. Pero ¿cómo? ¿facilitándoles mayor acceso al crédito? ¿con mayor endeudamiento? ¿redistribuyendo artificialmente la renta con subsidios y subidas salariales desacordes con la productividad? En la práctica, ello acaba conduciendo a una contracción tanto de la inversión como del propio consumo. A las pruebas empíricas me remito.
También están
los que contemplan una coyuntura recesiva como la vivida como un mecanismo de depuración y de reequilibrio
, que fomenta la necesaria austeridad, sin advertir que en tales condiciones declina nuestro potencial productivo, la investigación, la innovación y la educación, auténticas claves para salir de este atolladero.
Por supuesto,les evitaré perder el tiempo hablando de los habituales unicornios populistas. Lo único que pretenden es regresar a modelos socieconómicos repetidamente fallidos, aunque los traigan disfrazados de modernidad y de servicio a "la gente". Ya conocen el refrán: aunque la mona se vista de seda...